viernes, 3 de mayo de 2013

Valorar el dolor (II)

¡Hola a tod@s!

Estas últimas semanas el blog ha estado un poco parado... El trabajo manda y entre pacientes, cursos, la buenísima acogida de los tratamientos de presoterapia y piernas cansadas y algunas novedades (que os contaré muy pronto aquí) no me ha dado tiempo a sentarme y actualizar. Pero ya estoy de vuelta y prometo sacar tiempo de debajo de las piedras para seguir escribiéndoos cada semana ;)

foto: superxperto.com

¿Recordáis el post en que os hablaba del peritaje en fisioterapia? Como os comentaba en él, he estado realizando un curso sobre ello y ¡ya lo he finalizado! La última sesión nos enseñó cómo diagnosticar el alcance de una dolencia tras una lesión, el papel del fisioterapeuta en un juicio así como la simulación y disimulación del dolor.

Cuando un paciente acude al fisioterapeuta tras un accidente laboral, de tráfico, doméstico o deportivo entre otros, la principal herramienta con que nos encontramos los profesionales para diagnosticar una posible lesión y su alcance (siempre que no venga derivado por el médico) es la de sus propias sensaciones. Sin embargo, existen exámenes que ayudan a determinar y objetivar la dolencia de cara a poder valorarla judicial o económicamente. La biomecánica es la ciencia que estudia mediante pruebas el movimiento, el dolor y la funcionalidad de una o varias partes del cuerpo con el fin de poderla cuantificar; algunos ejemplos son la plataforma de marcha, pruebas específicas para la movilidad del cuello, hombros, caderas... Por su parte, existen pruebas diagnósticas comunes como el TAC, la radiografía, la electromiografía o la resonancia magnética que son complementarias de las anteriores y ayudan a determinar e identificar la existencia de daños.

Los grados del dolor
¿Qué significa que una persona tiene un 33% de minusvalía? ¿Cómo se establece y de qué dependen los porcentajes? Existen unas tablas que dan un grado de minusvalía según la intensidad y la limitación de la vida diaria que produce el dolor. Esta cantidad determina la declaración de discapacidad, invalidez, así como la percepción del paciente de prestación económica o su inclusión en la Ley de Dependencia.

En las secuelas de accidentes de tráfico las tablas AMMA cuantifican y catalogan todo tipo de lesiones y el valor que corresponde a cada una de ellas, de cara al cálculo de indemnizaciones.

Simulación y disimulación

En algunas ocasiones, las personas pueden llegar a fingir una lesión no existente o exagerar la que se tiene para obtener un beneficio laboral o económico. ¿Cómo saber cuándo un dolor es o no verdadero? Partimos de la base que es algo complicado de determinar al 100% pero existen pruebas, que a veces se realizan sin que el paciente lo sepa, para comprobar la veracidad del dolor o la limitación del movimiento.

El informe pericial que el fisioterapeuta realiza con todas las pruebas realizadas sirve para reflejar qué lesiones y qué secuelas le han quedado al paciente tras una enfermedad o accidente. Todas las pruebas se incluyen en dicho informe para apoyarlo positiva o negativamente. 

El fisioterapeuta en el juicio

Un fisioterapeuta puede acudir en calidad de perito a un juicio de dos maneras: de parte, cuando el paciente al que has tratado te busca para que expliques su diagnóstico y tratamiento; o como perito judicial cuando un juez te reclama para una tercera valoración ante dos partes que se contradicen. El "fisio", como perito, expone el informe redactado tras la valoración del paciente y el juez lo tiene en cuenta como una prueba más.

Como véis, los diversos roles de un fisioterapeuta son diversos y muy amplios. Espero que este artículo os sirva para conocerlos un poco más y para ayudaros en caso de encontraros en alguna de estas situaciones tras una enfermedad o accidente. Como siempre, estoy a vuestra disposición en mi consulta para atenderos personalmente, o para resolver cualquier duda a través de getsemaniubeda@gmail.com

¡Feliz semana! 

martes, 2 de abril de 2013

¿Cuándo aplicar frío y calor?

foto: hoysport.com 


Es una pregunta más que frecuente cuando los pacientes acuden a mi consulta. De hecho fue uno de ellos, Paqui, quien me sugirió escribir este post.  La aplicación de frío o calor para reducir el dolor y la inflamación es un método físico de uso cotidiano muy conocido pero que muchas veces nos crea dudas, llevando en algunos casos a utilizarlos de forma errónea. ¿Cuándo debemos usar frío y calor?

CALOR
El uso del calor está muy extendido; de hecho, algunos médicos lo recomiendan ante cualquier dolor muscular, normalmente en forma de almohadilla. En primer lugar, debemos distinguir entre calor seco y calor húmedo. El seco es el más superficial (un ejemplo sería la almohada que acabamos de citar), mientras que el húmedo alcanza mayor profundidad en nuestro organismo y es el que resulta de la ducha o la conocida bolsa de agua caliente.

Según mi experiencia, cuando hay un dolor muscular la aplicación de calor resulta muy agradable pero si ésta se excede en el tiempo (más de 10-15 minutos) podemos obtener el llamado "efecto rebote", ya que un aumento excesivo de la temperatura de la zona puede provocar una mayor inflamación de la misma. Por no hablar de otro tipo de complicaciones que pueden aparecer en el caso de que hubiera alguna infección o células malignas, de las cuales podríamos propiciar su proliferación.

La solución es que si vamos a aplicar calor, siempre que sea en zona muscular, no lo tengamos más de 10-15 minutos a una temperatura agradable a la percepción de la persona (no demasiado elevada).

En mi opinión, el mejor calor es el que proporciona una ducha relajante de agua caliente, dejando que ésta caiga por la zona afectada o incluso sumergiendo el cuerpo en la bañera. 

FRÍO
Hemos comentado los efectos beneficiosos del calor. Pero ante lesiones de ligamentos, tendones y/o articulaciones lo mejor es aplicar frío local, bien con las bolsas que venden en farmacia y ortopedia (colocando un papel de cocina entre la piel y la bolsa) o bien con hielo directo si la zona que duele es muy concreta (dedo, hombro, tobillo...). En este último caso, debemos coger un cubito y masajear la zona durante un máximo de 2-3 minutos ya que si se aplica durante más tiempo puede causarnos quemaduras. El hielo directo también se puede poner en contracturas de forma puntual).

Con la aplicación de frío conseguimos de forma casi inmediata la disminución de la inflamación por la reducción de la temperatura local de la zona.

¿Qué hago si dudo entre frío o calor?
Ante la duda de aplicar frío o calor, lo más recomendable es consultar al fisioterapeuta para que aconseje sobre la lesión concreta. En todo caso, si no podemos acudir al especialista, siempre es más recomendable ante la duda el empleo de frío ante el calor. Un truco: recordad que cuando un niño se hace un chichón, rápidamente le ponemos frío (no se nos ocurriría aplicarle calor, ¿verdad?) Recordad esta idea cuando no sepáis qué método emplear.

Espero que os sirva de ayuda este post. Como siempre estoy abierta a resolver cualquier duda y espero vuestra sugerencias para próximos temas. ¡Un saludo!